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Oración para la XXI Jornada Mundial del Enfermo

Dios omnipotente y eterno,
tú eres nuestro fundamento y nuestra fortaleza,
la Esperanza que nunca nos abandona,
y el Amor que se dona en la Cruz y en la Resurrección de Jesús.
Haz que tu Rostro brille en todos los enfermos,
en los que sufren y en los moribundos,
sé misericordioso con ellos.
Sigue enviando buenos samaritanos
que salven y curen a las personas enfermas, a los que sufren y a los moribundos,
y asistan desinteresadamente a los más débiles.
Santa María, Madre de Dios,
hoy nos dirigimos a ti y te rogamos así:
Tú conoces el dolor de los indefensos,
cuando el sufrimiento no puede ser alejado.
Con tu estar al pie de la cruz y tu padecimiento materno
te has convertido para nosotros en salvación de los enfermos.
Haz que tengamos la fuerza y el valor
de mirar el Crucifijo,
y que soportemos con valentía
nuestros sufrimientos confiándonos en Él.
Dios lleno de bondad, Padre nuestro,
te damos gracias por los numerosos testigos ejemplares
que han recorrido un camino de tribulación
y nos los has donado como nuestros intercesores.
Te damos gracias por Santa Ana Schäffer,
que fue sometida a duras pruebas desde su juventud
y permaneció enferma en cama debido a un grave accidente.
Nos dirigimos a ti,
Santa Ana Schäffer: A través de tus esfuerzos para alcanzar una amistad íntima
con Jesucristo crucificado y resucitado,
lograste no sólo soportar tu pena
sino que también te sacrificaste con Él por los demás que sufren,
sobre todo por los que se sentían privados de la esperanza.
Por medio de tu intercesión, ayúdanos también a nosotros
a abrazar nuestra vida incluso si es afligida por el dolor,
a mirar con confianza a Jesús crucificado
y a recorrer nuestro camino con la certeza
de que el amor de Cristo es más fuerte que cualquier dolor,
más fuerte que el mal y que la muerte.
Te damos gracias por el Beato Papa Juan Pablo II.
Siempre estuvo al lado de los enfermos y
fue incansable defensor de la vida humana.
Nos dirigimos a ti,
Beato Papa Juan Pablo II:
Haz que con la oración obtengamos la fuerza de la fe y la certeza
de que no nos perderemos,
y que con toda nuestra vida y nuestros padecimientos
estamos a salvo en las manos y en el corazón de Dios.
Danos valor con tu ejemplo de la agonía,
incluso en las últimas horas de nuestra vida.
Te damos gracias también por la Beata Madre Teresa de Calcuta,
un verdadero ángel en las noches oscuras
de los marginados y los moribundos.
Nos dirigimos a ti Beata Madre Teresa que:
confiando en el infinito amor de Jesucristo y
en su sacrificio de muerte en la cruz, hiciste siempre
que la luz de su amor penetrase en la oscuridad del sufrimiento.
Obtén para nosotros la convicción
de que nosotros mismos podemos ser luz para los que sufren.
Haz que podamos irradiar la esperanza,
y que también nosotros reconozcamos en el prójimo, enfermo y sufriente,
el Rostro de nuestro Señor y le donemos nuestra pronta ayuda.
Dios Uno y Trino,
ahora nos entregamos en tus generosas manos paternas.
Confiamos en tu amor sin fin
y que por ti estamos custodiados
en los días buenos y en los malos,
en la vida y en la muerte.
Haz que, a través de nuestro dolor,
se renueve nuestra fe y nuestra confianza en ti
a fin de que todo el pueblo de Dios experimente la gracia de la redención.
Ahora y siempre.
Amén.

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